logo
La historia del beisbol infantil, 40 años después

Culiacán, Sinaloa, a 21 de Enero de 2011. Me solicita mi amigo y colega Luis Alfonso Félix Gurrola, por más de 30 años jefe de la sección de deportes de El Debate de Culiacán, que le escriba un comentario sobre mis vivencias allá en los inicios de la década de los setentas, cuando al lado de Salvador Velásquez, Regino Tostado y José “Parches” Medina nos dimos a la tarea de organizar en nuestra ciudad capital el movimiento de Ligas Pequeñas de Béisbol, cuyo objetivo central era y sigue siendo la integración familiar a través de este bello deporte.

 

En realidad el tema es sumamente extenso, tendríamos material para mucho rato ya que desde el mismo primer momento que ellos llegaron a mi casa y acompañados por el doctor Alfonso Quiroz Luna, una persona sumamente amable, en ese entonces recientemente nombrado director de la Región 3 del movimiento Nacional de Ligas Pequeñas, que comprendía gran parte de Sinaloa, empezó lo que fue una gigantesca, pero sin duda hermosa tarea, que hoy, a 40 años de distancia, tiene extraordinarios frutos, gracias a la dedicación, empeño y cariño por el béisbol de decenas de personas que a lo largo de los años han construido una organización extraordinaria, con diversas ligas funcionando en Culiacán y cientos de familias participando en la práctica de lo que muchos consideramos como el “rey de los deportes”.

Así que esta es parte de la historia.

Pues bien, no sé porqué ellos tomaron la decisión de que yo fuera el primer presidente. Tal vez por mi experiencia como cofundador, al lado de Humberto Aguilar Camarena, mi hermano del alma, de las Ligas Pequeñas en el puerto de Mazatlán, esto allá por 1966, cuando por cuestiones de profesión laboramos en el periódico El Sol del Pacífico.

El caso es que fui el primer presidente, pero hubiéramos trabajado igual, Regino, José, Salvador y su servidor si alguno de ellos hubiera sido el designado.

El caso es que todos, que por que supuesto que éramos gente conectada con el deporte y particularmente con el béisbol, nos dimos a la tarea de organizar el primer circuito, partiendo con el reclutamiento de los jugadores, que no fue tarea difícil dado a que la nuestra, Culiacán, es una región famosa por su mujeres bonitas y por el gusto por el béisbol, de ahí que bien pronto teníamos un buen número de jugadores, localizamos la sede en el Centro Cívico Constitución y a darle.

Hasta ahí había sido tarea cómoda, pero luego vino lo más difícil:

La resistencia de muchos promotores de este deporte a jugar organizadamente, ya que por entonces ya había los famosos “cachirules”, sobre todo en las ligas que organizaba el legendario Antonio “Pachuco” Villa, en donde lo mismo jugaban “infantiles” de 17 y 18 años, revueltos con chamacos de 10 o 12 años, eso si, algunos “rasuraditos” a la hora del “vistazo” con que Villa y el profe Carlitos López Alvarado decían “pasa o no pasa”, que generalmente pasaba dado a que de noche y en lo oscuro, pues todos los gatos son pardos.

¿O no?.

Otro grave problema lo constituyó vencer la apatía de los padres de familia, ya que muy pocos, poquísimos, eran los que solían acompañar a sus chamacos a los campos a practicar el béisbol, lo que chocaba con el espíritu de Ligas Pequeñas, que considera fundamental la integración de la familia: los niños jugando, el padre de manager o ampayer y las mamás, pues en las promociones para hacer autofinanciables las ligas.

Fue tarea gigantesca, como también lo fue el conseguir los patrocinios, que solamente consistían en camisa y cachucha, pues en esa primera temporada era para lo único que se conseguía de los escasos mecenas del deporte que en ese tiempo había.

Sin embargo, y esta es una anécdota que habla de la clase de hombre que es “El Parches” Medina, su gran amor por el béisbol y encausar a los niños por este camino. Se dio el caso que muchos niños, que ya practicaban, de frente a la inauguración de la primera temporada, no solamente andaban descalzos, sino que no tenían cachucha y menos camiseta deportiva, de esas de 3 cuartos de manga, que se usaban. Y esto era muy lamentable.

Pero don José Medina, que en ese tiempo era chofer del transporte urbano propiedad de Regino Tostado, su cuñado, al pasar con su camión lleno de pasajeros por “Casa Rico”, una tienda de ropa que estaba a un lado del mercado Garmendia, se dio cuenta de que habían puesto en oferta este tipo de camisetas y, sin pensarlo dos veces se bajó del camión, no sabemos si con dinero de la venta de boletos, pero el caso es que compró todo el lote para uniformar a varios equipos.

Fue un gesto muy noble que le costó a “El Parches” una buena regañada, ya que su patrón le descontó de su salario el dinero empleado en la compra de las mentadas camisetas deportivas, pero lo peor vino al llegar a su casa, cuando su esposa, por cierto una señora también muy aficionada al béisbol, lo puso “de vuelta y media”, pues si bien llegó muy contento a su casa y con los uniformes para los `plebes”, en los bolsillos no llevaba dinero ni para la cena de esa noche.

No se si Medina “durmió en la bañera” esa noche, pero eso si, era el hombre más feliz del mundo y junto con él nosotros, sus amigos que integramos esa primera temporada de la Liga Culiacán de Béisbol Infantil y Juvenil.

Y arrancó el primer circuito con algo así como 12 equipos en tres categorías.

El parque Constitución era el magno escenario en donde con el apoyo del gerente de Pepsi Cola construimos una barda de madera, que nos duró más el gusto que la barda, pues en un dos por tres y antes de que terminara el circuito ya se la habían robado.

Ese día sí que sudamos para echar a andar el circuito, teníamos todo: equipos entrenados, casi todos con uniforme, pero nos faltaban managers, no había quien quisiera ayudar, tampoco había ampayers y esto fue todo un lío.

Por los umpires no fue grande la preocupación, nosotros mismos le entramos y el problema completo lo resolvimos hablando con amigos personales e incluso compañeros que laboraban con un servidor en el periódico El Diario de Culiacán. Incluso en ese lance reclutamos para la organización a otro gran amigo, un médico que se convirtió en el segundo presidente de la organización y a quien se le debe el haber conseguido la afiliación al movimiento Nacional de Ligas Pequeñas y el encausar el movimiento.

Me refiero al doctor Humberto Rodelo, hombre noble de corazón y gran aficionado a este deporte, pues incluso en ese tiempo era el  médico oficial de los Tomateros de Culiacán,

El día de la inauguración casualmente estaba en el parque Constitución. Entrenaba a un grupo de muchachos que iban a participar en las Ligas del “Pachuco” Villa, que me parece que se llamaban ”Los Pequeños Gigantes”.

El caso es que ya solo nos faltaba un equipo que no tenía manejador ni madrina, llamamos al doctor Rodelo y se vino a apoyarnos. Por madrina no paramos, ahí estaba la Laly Aguilar Escobar, mi hija, que en ese entonces tendría 7 u 8 años, y además “ya había tenido experiencia”, pues había sido madrina de equipos allá en Mazatlán y “hasta pagaba” porque la invitaran.

Así arrancó esa primera temporada, el resto, pues ahí te lo contaré otro día que me invites a colaborar.